«No puede ser que los residentes tengan miedo de pasear por Playa de Palma»

Pedro Marín, presidente de la Asociación Hotelera, lamenta que la «dejadez» de las instituciones lastra la lucha contra el turismo de excesos y apuesta por la «mano dura» ante el desorden

La Playa de Palma , tal y como ha comprobado Ultima Hora durante estas pasadas semanas, sigue siendo un lugar de excesos. A medida que cae el sol, el caos se va apoderando del paseo que rápidamente se convierte en una ‘zona de guerra’. Botellones, peleas, robos… Aunque en algunos ámbitos se han registrado mejoras, el turismo de fiesta sigue ocasionando una gran cantidad de problemas durante el verano. Las medidas tomadas en los últimos años no han frenado el desfase y los jóvenes turistas, generalmente alemanes, continúan excediéndose impunemente. Los efectivos policiales parecen no dar a basto ante la gran cantidad de personas que eligen esta zona como lugar de diversión y toda la delincuencia que conlleva. Pedro Marín, empresario y presidente de los hoteleros de Playa de Palma, atiende amablemente a este periódico para analizar la situación actual y plantear algunas hojas de ruta que hagan posible un turismo más digno.

Playa de Palma continúa siendo un lugar de excesos.
—Una tarde o noche por aquí es suficiente para ver como está todo. Da miedo. No se puede consentir que los residentes tengan miedo de pasear por aquí. Es una pena. Este verano ha habido violaciones, peleas con puñaladas, robos, drogas… es un desastre y es resultado de la falta de voluntad política.

¿Creen que el decreto ley contra el turismo de excesos ha sido insuficiente?
—La ley está mal redactada, mal enfocada y mal interpretada por los inspectores. Se tiene que modificar, es un desastre. Con esta ley han demonizado a los hoteleros. Nos tienen muy controlados y eso que cumplimos todas las medidas.

Los botellones siguen a la orden del día en el paseo. ¿Qué proponen para combatirlos?
—En la Asociación Hotelera de Playa de Palma estuvimos mirando como se habían regulado otras zonas de turismo similares. Analizamos Miami, Amsterdam y otras zonas que habían sido conflictivas y que se están reconvirtiendo. En Amsterdam, por ejemplo, lo que hacen es prohibir que se pueda beber en la calle y sancionar a los que beben. Hay que aplicar medidas duras y directas. ¿El infractor bebe en la calle? Pasa la policía y lo sanciona. En un año o dos mejoraría mucho la situación.

Durante la noche, el botellón es posible gracias a los vendedores ambulantes que campan a sus anchas.
—Son mafias. El alcohol en la calle lo suelen vender personas de origen pakistaní o búlgaros. Luego están los nigerianos y senegaleses que venden artículos muy diversos pero que también venden droga. El cliente alemán suele ser bastante manso, no es un turista agresivo como el británico. Pero este verano hemos podido comprobar que la cosa está cambiando y se están volviendo agresivos. Eso es por las drogas que consumen y que compran en la calle.

¿Faltan efectivos de policía?
—Sí, faltan 300 efectivos que antiguamente sí teníamos. Se tienen que buscar alternativas. Con la excusa de que no hay efectivos no podemos permitir todo lo que pasa. Para combatir esto es necesario un poco de voluntad política. El trabajo conjunto no está funcionado, si no hay dinero o tiempo para el proceso de oposiciones en la Policía Local, solicitamos a la Delegación del Gobierno que envíen a la Guardia Civil para encargarse de toda la zona de Playa de Palma.

¿Cree que en Magaluf se ha hecho un mejor trabajo contra los excesos durante los últimos años?
—Total y absolutamente. Las mejoras que ahora se ven en Magaluf son años de trabajo.

Mucha gente culpa al sector hotelero de los problemas con este tipo de turismo.
—Los hoteleros de estas zonas somos los primeros que no queremos que vengan personas incívicas. Es muy fácil criticar. ‘Los hoteleros llevan a este tipo de personas’, dicen. Yo estoy cansado de intentar filtrar este tipo de turismo. Ponemos estancias mínimas que no les permita solo venir un fin de semana de borrachera, subimos precios… perdemos muchos clientes por intentar evitar el turismo de excesos. A pesar de todo, no podemos saber como serán los clientes. Hacemos todo lo posible, ponemos todo de nuestra parte y perdemos dinero. Ya no sabemos que hacer. Luego resulta que somos los culpables.

La oferta es de una calidad mayor a la que había hace unos años.
—Los hoteles y restaurantes han hecho los deberes. Se han reformado, los hoteles son casi todos de cuatro estrellas. Sin embargo, hace 25 años que no hay una inversión pública potente. Es un desastre. Si no vamos de la mano no se puede hacer nada. El Ajuntament de Palma se enfoca en Palma y aquí es un abandono total. Los hoteles hemos subido la categoría y los precios, intentamos tener un cliente que más o menos sea bueno, tenemos seguridad… falta ahora el trabajo de la administración pública en las calles. Espero que al menos lo recaudado aquí con el impuesto turístico, ahora parece que hay un compromiso del nuevo Govern, vaya destinado a esta zona. Se necesita inversión en todos los sentidos: Emaya, seguridad, infraestructuras. La lucha contra el turismo de excesos parte de la inversión pública. Sino, por mucho que hagamos nosotros, esto no irá a ningún lado.

Las violaciones grupales que este verano ha habido suponen un duro revés en esta lucha por mejorar la imagen.
—Cuidado, es verdad que el daño a la Playa de Palma, en nuestro caso, es importante. Cuando el turismo de calidad busca en internet y aparecen estas cosas evidentemente quedamos descartados. Pero también afecta a Mallorca y a Balears. Dos kilómetros de desastre y abandono causan una mala imagen a todas las Islas. No tiene que ser una lucha solo de los implicados en la zona en cuestión, tiene que ser una lucha de todos.

Es posible este futuro modelo turístico que plantean con el ocio nocturno que hay en la zona.
—Sí, podemos tener espacios de ocio nocturno y que los excesos sean mínimos. En Alemania cuando salen de los famosos ‘Biergarten’ no orinan en la calle, se pegan o tiran la basura al suelo. Si reforzamos los efectivos policiales cuando salgan de allí se van a comportar como toca. El ocio nocturno y el civismo son compatibles. En el caso de no contar con el ocio nocturno de la zona, volveremos a tener una playa aburrida. Hemos de conseguir un turismo que pueda descansar y que se lo pueda pasar bien.

 


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